Los españoles vencieron 92-80 a Macedonia con un
intratable Juan Carlos Navarro (35 puntos), mientras Francia derrotó
79-71 a Rusia, le sacó el invicto y por primera vez jugará la final.
Navarro supera la barrera de lo humano y entierra la oda macedonia (92-80) | ACB.com
España
cumple su primer objetivo. Pero sin desatar la euforia. Un equipo de
miras superiores sabe que saldar el primer tramo del reto (la
clasificación directa para los Juegos Olímpicos) no es más que un
avituallamiento hacia lo único que podría dejar conforme a este equipo.
Seguir agrandando la leyenda con otro oro. Es el camino a seguir,
marcado con un Juan Carlos Navarro que volvió a romper la barrera del
sonido (35 enormes puntos, 19 en el tercer cuarto) para destrozar a a la
maravillosa Macedonia. Para frenar un magnífico torneo de la mayor
cenicienta. Un equipo de leyenda superado por una leyenda todavía mayor. Una oda al baloncesto superada por un hombre: Juan Carlos Navarro.
Con las ideas muy claras
Scariolo
afrontaba el partido con la teórica duda de José Manuel Calderón, el
base titular de la selección española, que se presentaba más importante
que nunca, teniendo en cuenta el peso en el equipo macedonio de sus dos
bases: Vlado Ilievski y Bo McCalebb. Despejando las dudas, el playmaker
extremeño fue titular, aunque no se emparejó directamente con McCalebb.
Era Rudy Fernández, el habitual defensor de las estrellas exteriores rivales, el que se encargaba del estadounidense.
El
encuentro había empezado lanzadísimo, con intercambio de tiros
exteriores y Macedonia presionando fuertemente la línea exterior
española, lo que le permitía robar un balón que ponía el 4-7 tras
contraataque, así como impedir que el esférico llegara a la pintura en
condiciones habituales. En el otro lado, España estaba controlando bien
la que parecía una de las claves pre partido: la vida exterior de los
interiores balcánicos, que se preveían especialmente incómodos para los
pívots de pintura españoles.
En
el apartado defensivo, la presión de Rudy a McCalebb era siempre en
primera línea, sin perderle de vista un segundo, mientras sus compañeros
estaban especialmente atentos a las ayudas (incluso largas). En ataque,
España intentaba sacar faltas a Pero Antic y Predrag Samardziski,
completamente imprescindibles para Marin Dokuzkovski y, colateralmente,
enviaban a Vojdan Stojanovski al banquillo (cometía dos faltas en las
ayudas a los interiores) y al propio Pau Gasol, cuyos forcejeos con Antic le habían valido dos faltas en ataque cuando todavía no se habían disputado cinco minutos de partido.
Supliéndole salía Serge Ibaka,
que empezaba marcando diferencias, con cinco tantos consecutivos
(15-13) y forzándole dos faltas consecutivas a Samardziski. España
empezaba a poner en problemas a Macedonia, pese a que McCalebb anotase
una de sus clásicas penetraciones hasta el fondo que igualaba el partido
a 15.
El
partido estaba bellísimo, con ambos equipos buscando deshacer los
puntos fuertes del rival y explotar los débiles. Un tapón de Ibaka a Bo
trataba de minarle la moral, acabando con un contraataque de Navarro, la
fiel imagen de lo que el conjunto español quiere ser y consigue a
ratos. La respuesta era inmediata: triple de Antic (17-18).
España combinaba más que nunca sus dos caras. El mate de Ibaka en rebote ofensivo sucedía al mismo tiempo en que Marc Gasol
recibía una técnica al reclamar lo que consideraba una falta recibida.
Y, tras un instante en zona 2-3, un triple in extremis de Sergio Llull creaba el mejor escenario en el que se había encontrado España hasta el momento (26-18).
Primer intento de ruptura: fallido
Parecía
que España empezaba la embestida. Aunque la zona balcánica estaba
importunando severamente su ataque, aparecía Ricky Rubio para anotar su
primer triple del campeonato (acumulaba un 0/12 en los 9 partidos). Pero
el primer intento de ruptura era fallido. Scariolo se veía obligado a
cortar el ritmo con un tiempo muerto, tras un nuevo triple de Antic y la
sensación de que McCalebb empezaba a entrar de lleno en el encuentro
(31-27).
Los
réditos que obtenía España ante la defensa zonal planteada por
Dokuzovski eran contradictorios. En el lado Jekyll, el conjunto ibérico
había forzado la segunda de Antic y la tercera de Vojdan Stojanovski,
pequeñas victorias en un partido que sólo se entendía en el largo plazo;
en el lado Hyde, chocaban una y otra vez contra el triple, además de
los errores que acumulaba Pau Gasol
(1/7 en tiros de campo). Macedonia no hacía sino aprovechar el corto
plazo para volver a ponerse por delante en el marcador (31-32), tras
haber ido 10 puntos por detrás.
Todo
mejoró con la salida de Navarro. La clarividencia ofensiva del de Sant
Feliu se plasmaba primero en un triple y, después, en una mejor
circulación ofensiva, que se transformaba en el 39-34. Era de nuevo el
quinteto titular español el que había de solucionar el bache por el que
atravesaba el equipo. Había vuelto a poner las cosas en orden, con
varias acciones consecutivas de Pau, con su enorme superioridad sobre
los interiores balcánicos. Pero Macedonia, cuan aldea gala, es un
ejército minúsculo pero irreductible. Y con el trío
McCalebb-Antic-Ilievski (57 puntos) volvía a ponerse por encima en el
luminoso y se iba al descanso con ventaja (44-45).
Las
cifras anotadoras hablaban de un partido precioso, en el que Macedonia
establecía tanto su récord anotador del campeonato en un cuarto (27 en
el segundo) como al descanso. En el otro lado, España nunca había
recibido tantos puntos en un cuarto ni al descanso. Los números hablaban
a favor de Macedonia. De hecho... iba por delante en el marcador.
¿De dónde vienes, Juan Carlos?
El
tercer periodo empezó con intercambio de canastas, momento en el que
Juan Carlos Navarro debía ponerse serio en ataque, y es que la defensa
española era incapaz de parar la producción anotadora de los macedonios.
Una buena muestra de ello era el robo de Pau Gasol, pasados dos minutos
del tercer cuarto, que suponía el primero de España en todo el
encuentro. Mas a cada pequeña victoria le seguía una derrota de igual
tamaño: un balón perdido, una canasta que parecía fácil pero no acaba en
el marcador... El quinteto español se quejaba amargamente de la dureza
defensiva con la que se empleaba macedonia, que consideraba más allá del
límite de la falta, no señalada por los colegiados.
España
intentaba imprimir un ritmo frenético al encuentro, tratando de
desgastar los escasos efectivos macedonios. Bo McCalebb, con un
momentazo en la primera mitad del tercer cuarto, era el único que
respondía a ese ritmo frenético. El base estadounidense ya había
conseguido desmontar la defensa que le había reprimido mínimamente en el
inicio de partido.
Pero,
hablando de momentos... Los puntos de Navarro daban auténtica vida al
equipo, eran el sustento que ponía a los de Scariolo por delante
(67-58). Una vez más, desprendía la sensación de estar tocado por los
ángeles. Superaba la barrera de lo humano y se volvía a ver al mejor
Navarro del mundo. Aquel hombre decisivo que se caracteriza por un
gesto. Canasta y salto blandiendo el puño para celebrarlo. Una imagen
que sólo vive en canastas decisivas. Un gesto que se vuelve locura si se
repite en dos jugadas consecutivas. Doblemente decisivo. Guiando hacia
la victoria. Primero, con un triple estratosférico burlando una
empalagosa defensa presionante. Segundo, con otro triple, que sumaba su
punto 19 en el tercer cuarto (de los 27 de España). Navarro, él solo, y
como si no hiciese falta nada más en el mundo, puso a España 71-62, a
tocar más que nunca del éxito.
Macedonia
entraba en prisas. Si en algún momento podía salirse del partido, el
inicio del último periodo parecía el instante. Y, cuando el partido se
estaba poniendo más peligroso para los intereses españoles, volvió
Ricard Rubio para anotar desde el exterior y volver a poner la
diferencia en 10 (78-68).
Aunque
con dificultades, y contra la dureza del partido, España conseguía
anotar con regularidad y cerrar con relatividad el grifo defensivo que
Macedonia había abierto con fácilmente durante buena parte del
encuentro. La superioridad de los Gasol en la pintura empezaba a
imponerse más que nunca. Con 12 puntos de ventaja en el marcador,
querían gritar que apuntaran su nombre en la final. Mas mientras
McCalebb esté en pista no se puede enterrar a su equipo, al que volvía a
poner a 8 puntos.
Esa
era una barrera que se mantenía durante todo el cuarto, bien amarrada
por los españoles, de nuevo con Navarro poniendo las cosas en su sitio
cuando aparecía en el horizonte una mínima posibilidad balcánica. Unos
descomunales 35 puntos que acababan con el sueño más largo del mundo. Un
sueño escrito en cirílico. España acabó siendo demasiado para una
Macedonia adorable. Navarro es demasiado.
Francia saca el rodillo y se encontrará con España en la final / ACB.com
Francia saca el rodillo y se encontrará con España en la final / ACB.com
Francia jugará la primera final del Eurobasket de su historia tras
superar a Rusia en un ejercicio de consistencia. Los galos ganaron por talento
y constancia y disfrutarán de los Juegos Olímpicos, única competición en la que
pudo disputar la final (1948 y 2000, en ambos casos subcampeón).
Francia fue superior con ese suave rodillo que viene demostrando todo
el campeonato: sin hacer mucho ruido ni ser demasiado contundente, golpeando
con continuidad y múltiples recursos. Si al principio del partido el protagonista
era el gran Tony Parker, luego aparecieron De Colo, Traoré o Batum para darle
siempre el control del choque.
Rusia, en cambio, fue más Rusia que nunca: tremendamente irregular,
encadenando minutos de alto nivel y llegando a adelantarse en varias ocasiones
pero pagando sus múltiples apagones y la carencia de banquillo y argumentos;
solo Kirilenko y Mozgov respondieron con suficiente acierto al vendaval galo.
La igualdad fue la tónica de un primer cuarto irrelevante en el
resultado (17-16) pero que permitió ver las primeras genialidades de Tony
Parker y Andrei Kirilenko. Con su noveno punto, sobre la bocina del periodo, TP
culminaba un arranque demoledor.
Los galos tomaron algo de aire en el inicio del segundo periodo
(24-20), encontrando alternativas a Parker, que tardó nueve minutos en volver a
anotar. Lo hizo con un triple a 39 segundos del descanso y que ponía un
prometedor 39-31 en el electrónico. Era la máxima ventaja hasta ese momento,
cimentada previamente con una buena serie de Nando De Colo con cinco puntos
consecutivos.
Un triple de Fridzon puso la primera tirita al borde del descanso
(39-34) y en la reanudación, Rusia enmendó la herencia negativa de la primera
mitad con un parcial 0-5 para igualar a 39 con un poderosísimo mate de Mozgov,
rey de la zona. Pero las buenas noticias se acabaron rápido para Rusia con la
tercera falta de Andrei Kirilenko y dos triples de Nico Batum, atento para
aprovecharlo (49-45). Los puntos de Noah y Traoré continuaron abriendo hueco:
55-47 para Francia al final del tercer periodo.
El octavo punto de Traoré en apenas cuatro puntos abría el último
periodo y daba una nueva máxima a los de Collet: 61-49. Rusia era un enorme
agujero negro en ataque y solo Mozgov había logrado anotar en más de seis
minutos. Con -12, era necesario buscar alternativas y Blatt apeló a Kirilenko,
que revivió a los suyos con un 2+1... continuado por un triple de Monya en un
contraataque perfecto. A seis, 61-55.
Pero Francia no estaba dispuesta a renunciar a un billete histórico y
un triple de Batum sacó al equipo del atolladero... antes de que Tony Parker
acercara la final con un triple a cinco minutos de la conclusión y que ponía de
nuevo un +10: 69-59.
Rusia quedaba a expensas del milagro y Kirilenko lo intentaba con otro
triple (69-64 a 3:30). Pero con Parker y Batum al otor lado, no había opción
alguna: 75-66, tranquilidad gala y billete a la final.
Fuente: ACB.com


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